septiembre 30, 2026

Lo que los idiomas nos enseñan cuando viajamos

Hay algo que se empieza a notar cuando uno viaja por distintos países y se encuentra constantemente con personas que hablan otros idiomas: no siempre existe la misma predisposición para adaptarse cuando el otro no habla como nosotros.

En Argentina, cuando alguien de otro país intenta hablar español, generalmente hacemos un esfuerzo por entenderlo. Si se equivoca, tratamos de interpretar qué quiso decir. Si no conoce una palabra, buscamos otra. Si habla más lento, seguimos la conversación. Y si no entiende una expresión argentina, muchas veces la cambiamos por una que sea más fácil de comprender. Es algo bastante natural para nosotros. Incluso entre personas que hablan español, pasa lo mismo. Un mexicano, un colombiano, un venezolano o un español puede usar palabras o expresiones que no son habituales para un argentino y, sin pensarlo demasiado, solemos adaptar un poco nuestra manera de hablar para encontrarnos en un punto común.

Pero cuando viajamos, muchas veces nos toca estar del otro lado. Somos nosotros los que hablamos con acento, los que buscamos una palabra, los que entendemos una parte de la conversación y otra no, los que sabemos exactamente qué queremos decir pero tardamos unos segundos más en encontrar cómo decirlo. Y ahí aparece una diferencia que puede sentirse bastante: no siempre encontramos del otro lado la misma predisposición que nosotros solemos tener cuando alguien intenta comunicarse.

A veces la otra persona repite exactamente lo mismo, habla más rápido, utiliza palabras que no conocemos o simplemente espera que entendamos. Quizás para quien habla el idioma como lengua materna sea algo mínimo, pero para quien está haciendo el esfuerzo de comunicarse usando otra lengua puede hacer una gran diferencia.
Después de viajar por varios países y haber tenido que comunicarme en diferentes idiomas, estas situaciones me hicieron llegar a una conclusión bastante simple: hablar otro idioma también implica exponerse. Uno tiene que aceptar que, por un momento, no va a expresarse con la misma facilidad que en su lengua materna y que probablemente va a equivocarse y eso esta bien!

Y cuando lo entendemos, quizás empezamos a mirar de otra manera a la persona con la que estamos hablando. La empatía en una conversación no significa tratar al otro como si no entendiera nada ni evitar que se equivoque. Significa reconocer que no todos llegamos a una conversación con las mismas herramientas y que, a veces, un pequeño esfuerzo de nuestra parte puede hacer que la comunicación sea mucho más fácil. Repetir una frase, buscar otra palabra, explicar algo de otra manera o simplemente darle al otro el tiempo necesario para responder también es parte de comunicarse.

No se trata de dejar de hablar como hablamos ni de esperar que todos se adapten completamente a nosotros. Se trata de encontrarnos en un punto intermedio.
Al final, los idiomas enseñan mucho más que palabras y estructuras. También enseñan a entender lo que significa estar en el lugar del otro. Y quizás viajar nos permite verlo con mucha más claridad: para comunicarnos no hace falta que uno de los dos hable perfecto. Hace falta que los dos tengan la voluntad de entenderse.

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